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Los amigos del corazón

El tiempo que pasamos con cada amigo es lo que hace a cada amigo tan importante.
Las amistades se constituyen de a pedacitos. Pedacitos de tiempo que vivimos con cada persona.
No importa la cantidad de tiempo que pasemos con cada amigo, sino la calidad del tiempo que vivimos con cada persona. Cinco minutos pueden ser más importante que un día entero.





 Así, hay amistades hechas de risas y dolores; otras de la escuela, otras de salidas, cine y diversión; también están aquellas que nacen y no sabemos por qué, pero sabemos que están presentes. Tal vez están hechas de silencios compartidos o de mutua simpatía que no tiene explicación.

 Hoy también hay muchas amistades hechas solo de e-mails, nuestras “amistades virtuales” nos hacen reír, pensar, reflexionar. Aprendemos a amar a las personas sin juzgarlas por su apariencia o modo de ser, sin poder etiquetarlas (como a veces hacemos inconscientemente).





 Hay amistades profundas que nacen así.Saint-Exupery dijo: “fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante” El tiempo que pasamos con cada amigo es lo que lo hace importante. Porque el tiempo “perdido con amigos no existe es tiempo ganado, aprovechado, vivido. Son recuerdos para un momento o para toda la vida.

Un amigo se torna importante para nosotros y nosotros para él, cuando somos capaces, aún en su ausencia, de reír o llorar, de extrañar o querer estar bien cerca de él sólo para disfrutar de su compañía. Podemos tener varios mejores amigos de diversas maneras.





 Lo más importante es saber aprovechar al máximo cada minuto vivido y tener después, en nuestros recuerdos, horas para pasar con ellos, aunque estén lejos.


Enamorarse a los más de Cincuenta !!

Enamorarse a los más de Cincuenta !! 

A nuestra edad, después de medio siglo, el amor ya recorrió caminos, dobló esquinas y optó por encrucijadas, ya erró, ya acertó, ya resbaló, ya se arrepintió e inevitablemente el tiempo se fué. Se vivió el amor, se perdió el amor, algunos por la mano de Dios, otros por el debilitamiento de la vida en pareja. 





Hoy nuestra mirada en la dirección del amor continúa más linda, pues en el largo camino de los sentimientos, aprendimos a sumar, a dividir y a multiplicar, sin oportunidades de disminuir en el conocimiento del sentimiento del amor. 

El amor maduro llega despacito y se aloja en nuestra vida, sin tiempo para acabar. La caminata entre dos es más serena, existe la complicidad, el cariño es más espontáneo, no nos inhibimos frente al querer, la sintonía es completa y los recuerdos son depositados en el álbum de las nostalgias, que guardamos de un tiempo que no volverá. 





Enamorarse a nuestra edad es llevar la ternura en la mirada. El brillo es más intenso, el deseo de no equivocarse es más fuerte. La construcción de la caminata entre dos es la suma del querer, es el encuentro de dos almas aplaudidas por dos corazones que dividen la emoción de amar. 





Las actitudes menudas, los gestos y los detalles son los alimentos que sustentan ese amor. El amor a nuestra edad es la alegría de la compañía, de la caricia tierna, de los besos todavía calientes, de las miradas insinuantes cuando el deseo se manifiesta y la promesa en la mirada de que, cada amanecer. ¡Será el día más bello entre dos seres que encontraron el amor!


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